¡OJO CON ESE DEDITO!

Si hace unos días te conté cómo interaccionan cuerpo y mente para relajarte al hablar en público, hoy quiero hablarte de otros dos elementos interrelacionados: LAS MANOS Y LA VOZ.

Empecé a ser consciente de esa relación hace varios años, cuando recibía clases de locución con Carlos, mi profesor.

Te lo cuento.

Aquellas sesiones consistían en leer un texto ante el micrófono con constantes interrupciones de Carlos para corregirme. Él me paraba tras cada palabra o frase que no hubiese expresado correctamente. Me explicaba cada matiz, por pequeño que fuera: cómo levantar el mensaje, cómo entonar cada signo de puntuación, cómo dar presencia a todas las palabras…

Tardé varias semanas en conseguir enhebrar más de dos frases sin sus interrupciones correctoras. Pero, dos meses después, había algo que no acababa de solucionar, y Carlos me lo repetía sesión tras sesión: “¡Para! Has vuelto a golpear las palabras, has empezado algo agresiva”.

¿Agresiva? ¿Yo? ¿Con mi voz pequeña y aguda que roza la infantilidad?

Para mí no tenía sentido.

Hasta que empezó a tenerlo.

Un día, Carlos me detuvo y, sin articular palabra, miró por encima de sus diminutas gafas de lectura y me señaló la mano.

Yo me quedé inmóvil y me fijé en mi mano izquierda. Estaba exactamente así, como en la foto. Levantando un maravilloso “dedo acusador”.

Empecé a observarme desde entonces hasta que encontré la respuesta: cada vez que apuntaba con el dedo índice, con el “dedo acusador”, las palabras se clavaban en quien me escuchaba como alfileres. Mis manos estaban determinando el carácter de mi discurso.

Eso es lo que quiero contarte hoy, que el movimiento de tus manos influye en el tono de tu discurso. Si las mueves con calma, tu ritmo, de forma inconsciente, se ralentiza. Si el dedo acusador sale a relucir o si tus movimientos son rápidos y tajantes, probablemente tu ritmo se acelere y tu entonación se tiña de agresividad o se intensifique.

A partir de ahora, fíjate en cómo mueves las manos y si hay algún gesto que repitas a menudo. Analiza si los movimientos son agresivos o fluyen relajadamente. Observa si, como me pasaba a mí, se te escapa de vez en cuando el maldito dedo acusador.

¡NOS VEMOS EN EL PRÓXIMO SALTO!

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